Contrariamente a lo que el título del tema sugiere, el desarrollo de la exposición nos hace ver que el enfoque de los autores se encuentra orientado al uso de las TI para superar las barreras que, por efecto de la desigual distribución de la riqueza (inequidades), se encuentran en la sociedad. No se trata entonces, de un enfoque orientado exclusivamente a lograr una comunidad con mejor salud en el sentido estricto del término (de las condiciones físicas de las personas), sino en el sentido amplio del mismo; es decir, la posibilidad que pueden tener los ciudadanos para mejorar su calidad de vida y las condiciones en que transcurren sus días y superar aquellas desigualdades de origen que generan diferencias de oportunidades.
Los planteamientos son sencillos de entender y complejos en su ejecución, pues se trata de entregar facilidades tecnológicas a comunidades que, dentro de un esquema de oferta y demanda no podrían sufragar los costos de la interconexión y que, deben construir redes que los integren. Es allí donde, sugieren los autores, el Estado interviene para regular e incentivar el acceso al conocimiento del uso de la internet y de los recursos que ella ofrece. Se trata entonces, de usar las TI como una herramienta del proceso educativo, el cual debería estar orientado a los procesos productivos y actividades económicas que tiene la comunidad, con el fin de lograr una educación para el trabajo. Con ello, los miembros de la comunidad, al menos, tendrán herramientas para realizar en forma más eficiente aquello que ya vienen realizando y, en el mejor de los casos, buscar nuevas aplicaciones para los conocimientos adquiridos.
Dentro de este enfoque de apoyo, los mayores esfuerzos se deben orientar a las comunidades de menores recursos, incentivando la generación de redes que interconecten a sus miembros y, de ser posible, apoyar las articulaciones y alianzas público privadas entre los miembros de la comunidad con una serie de actores locales, como pueden ser las iglesias, centros comunitarios y pequeños negocios.
Esta propuesta, si bien suena interesante, es un tanto difícil de llevar a la práctica en comunidades disímiles, pues cada una tiene una organización compleja y sus miembros responden a intereses individuales y colectivos distintos; a no ser que se encuentre un común denominador o interés general similar entre los miembros de la comunidad y, de acuerdo a ello, construir la red de interconexión; caso contrario, el proyecto podría quedar sólo en un proceso de integración para actividades distintas a las que quiere implementar. Así, por ejemplo, se quiere implementar redes para determinación de prioridades en inversión pública local y, sin embargo, las conexiones se usan para juegos, comunicaciones sociales, etc.;0 sie0n0d0o que, integraciones de este último tipo ya son brindadas por las redes sociales de las empresas que tienen el dominio del mercado.
En resumen, podríamos concluir, coincidiendo con los autores del texto, que la integración comunitaria, orientada a una mejor administración del gobierno local e incentivar el desarrollo económico, requiere de liderazgo claro y constante para su ejecución, pues se trata de construir valores públicos (participación, compromiso, eficiencia, transparencia, etc) utilizando las herramientas tecnológicas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario